sábado, 29 de abril de 2017

LOS SENTIMIENTOS





LOS SENTIMIENTOS

Todos los sentimientos
caben en una existencia
pero no conocemos en qué instante
se adueñarán de nuestras almas.
Puede ser que el azar
altere el momento previsto
en el abecedario de la vida
para que conozcamos la tristeza.
O que se retrase sin fecha
el tiempo de saciarnos
con la pulpa madura del deseo.
Después quedarán los recuerdos,
aquellas instantáneas de momentos felices
que son parte de nuestros alicientes
para seguir viviendo,
o las llagas del dolor
que no curó el olvido.
Quizá entonces nos dejemos envolver
por el humo amarillo de una vieja sonrisa
y sintamos su dúctil alimento
muy cerca de los genes que nos forman.
Vivir es percibir las emociones
como hecho sustancial de nuestra esencia.
Lo demás es trabajo o pura fábula,
una dimensión donde cada paso
nos acerca a la nada más certera.


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Mariano Valverde Ruiz (c)

miércoles, 26 de abril de 2017

CANCIÓN EXTRANJERA





CANCIÓN EXTRANJERA

A la sombra de un tótem,
en la tierra de Pascua,
un joven observaba
el plumaje de un ave migratoria.
Muy pronto se echaría
al mar desconocido
para buscar las tierras
donde crece el futuro.
No temía a los cambios.
Pensaba en adaptarse al mundo,
que la realidad le permitiese
poder sobrevivir
al huracán del tiempo.
El ave levantó sus bellas alas
mientras el joven daba a los guijarros
la forma de sus ilusiones.
Y en la piedra quedaron
escritas sus palabras:
La vida sigue el rumbo de una línea
que repta por el suelo.
En los brazos del aire
está el rostro del mundo,
los hechos que rodean
el espacio de una existencia.

Igual que aquel migrante,
aceptamos los retos
que desafían nuestro instinto
y miramos el horizonte
como un gran océano sin fronteras.


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Mariano Valverde Ruiz (c)

miércoles, 19 de abril de 2017

PRESENTIMIENTO





PRESENTIMIENTO

El sigilo de un puma le distingue
como el mejor guerrero vivo del pueblo Maya.
Cada día atraviesa el mundo que conoce
con el rostro tatuado por la sangre
del más cruel de sus enemigos.
Lleva sobre su pecho
amuletos de sus antepasados
para poder guardarse del influjo
que produce el hechizo de la luna.
Él sirve a su cacique aunque no lo venera.
Suele eludir a quien oprime con sus fauces
el cadáver de los hombres humildes.
No puede concebir
la terrible afición del carroñero.
Las leyes naturales dicen que son precisos
para que el medio ambiente
permanezca sin mácula,
sin los restos de víctimas
que perecen en las batallas
del fragor indómito de la selva.
Tiembla cuando le ve devorar las entrañas
de otro luchador derrotado.
Intuye que algún día quizá sean las suyas.


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domingo, 16 de abril de 2017

LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO





LA PREDICCIÓN DEL ASTRÓLOGO

En las calles de Machu Picchu
un astrólogo hablaba
de la servidumbre del hombre,
de esa sujeción a los afectos
que coarta la libertad,
del sentimiento de impotencia
ante los caprichosos designios de los dioses.
Se sentía indefenso
y alertaba a las gentes
de las fieras que olisquean sus presas
en los caminos que vuelven a casa.
Miraba a las estrellas
y no podía ver si desde algún lugar
se le imponía el orden del que hablaba,
ni si más allá de aquel cosmos
regía la materia del caos estelar
anterior a cualquier origen.
Su voz se iba quebrando
al notar que tan solo poseía la memoria
para luchar en contra de lo impuesto.
Alzó la voz y dijo:
La tierra también vive su servilismo a la galaxia.
Nada ni nadie escapa a una obediencia ciega
y dentro de cada ser habita un siervo.
Después se calló para siempre.
Comprendió que su voz se perdería
entre las fauces negras de los astros.


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miércoles, 12 de abril de 2017

CANCIÓN ANTIGUA





CANCIÓN ANTIGUA

La noche era una brisa de albahaca
que caminaba tras sus pasos
con la historia perdida de Tartessos.
Ella buscaba el brillo de unos ojos
que habían deslumbrado
su instinto primigenio.
Su sombra era portal de los enigmas,
una luna cubierta por dunas plateadas
iluminaba sus cabellos
y toda la ansiedad de su pasión.
Su bondadosa luz permitía a los grillos
idear las traiciones al silencio
con que saboteaban al verano:
componían un coro de estridularios retos
a la mística melancólica
que decoraba el aire
y las espigas verdes del misterio.
Su interior deseaba encontrar el enigma
que alteró el equilibrio de su pulso.
Un clavel de jazmín señaló su destino
detrás de la vaguada. No quiso ni mirar
en el talud de la hierba
para no deshacer la magia
de aquel instante único.
Al otro lado del jazmín,
los ojos codiciosos del amor
aguardaban su cuerpo
para tejer el aire con caricias,
silenciar a los grillos,
construir el universo y ponerle su nombre.


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Mariano Valverde Ruiz (c)

martes, 11 de abril de 2017

LA METÁFORA DE LA VIDA





LA METÁFORA DE LA VIDA

Somos agua que fluye hacia un destino cierto.
Pertenecemos al río
que forman las moléculas
de cuanto es materia,
al agua de nuestras ficciones,
a las ondas que traza el azar del camino.
Cada día es afluente en nuestro curso
que nos hace ser más agua cansada
y nos acerca al mar.
Nos vamos convirtiendo en flujos resignados
que siguen las corrientes más propicias.
Entonces recordamos las sonrisas
que erizaron el agua,
corrientes de ternura en momentos difíciles,
los apoyos que fueron esenciales
para evitar las piedras en el lecho del río,
y tal vez olvidemos la erosión que causamos
con nuestro obtuso fluir.
Nos lo han dicho los poetas:
nuestra vida es un río
que fluye sin remansos
hacia el mar de la muerte.
Así es, aunque alberguemos la esperanza
de que el Sol de la vida
transforme nuestra agua,
ya libre de sal y de herrumbre,
en una nube eterna.


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martes, 4 de abril de 2017

AVES DE BARRO





AVES DE BARRO

Hace nueve mil años
en la urbe misteriosa de Catalhöyük
un viejo alfarero observaba la arcilla,
quería transformarla
en un halcón de barro y dejarlo volar
con la esencia de su alma.
Creía que la vida siempre exige
tener que completar una metamorfosis,
transformar su labor cerca del suelo
en la de un ave voladora.
Cada día notaba las cuerdas de la tierra
en torno a sus tobillos
y presentía cerca la tragedia
del temblor  de sus manos.
Sabía que en cualquier instante
el filo de las horas cortaría sus sueños
con la guadaña de la muerte.
Afrontaba sus miedos en silencio
para huir del desánimo.
Soñaba con cambiar su suerte,
y poder volar por las nubes,
volver a sus orígenes, crear un silogismo
con la voz del destino, la arcilla de la tierra
y el azar de sus manos.
Quería verse a sí mismo en el cielo,
resolver el enigma de su vida,
no perecer en cada intento
como un halcón que vuela hacia su presa
y siempre se le escapa.


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domingo, 2 de abril de 2017

EL TRIUNFO DEL AMOR




EL TRIUNFO DEL AMOR

Sucede en una noche que viste piel de seda
en las ruinas de Harappa,
muy cerca del espejo
donde se engalanan los astros
en el valle del Indo.
Ellos quieren vencer con sus caricias
todo lo que les separa:
ni el odio, ni la guerra, ni la edad,
ni todas las miserias de sus progenitores,
pueden amilanar la fuerza del deseo.
A lo lejos, oboes y timbales
anuncian con vigor la huida
de la edad rutilante de los cuerpos
que se desnudan con palabras.
Junto a las rocas milenarias
el amor se derrama por la hierba
como un río de miel en las manos del mundo.
La música del tiempo es un concierto de éxtasis
que aporta el magnetismo de los ritmos
a la métrica de la noche.
La plenitud se arroba en cada cuerpo
para llenar las venas con la imagen
de todo el universo que les viste.
Se funden las miradas y las manos
en un solo concepto: el amor que respiran.
Hay una mística de la luz
que procede de tiempos ancestrales
y se traduce en puerta permanente
a la única razón de la existencia.
Mientras la muerte oculta su destino,
dentro de ellos germina una flor blanca.


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sábado, 25 de marzo de 2017

LA LEY DEL TIEMPO





LA LEY DEL TIEMPO

Marco Anneo Lucano ya lo dijo:
y hasta las ruinas perecieron.
En el siglo primero, el poeta de Córdoba
ya supo que cualquier grandeza es efímera.
El sobrino de Séneca
quiso ser un poeta insigne
y creo su gran mundo de palabras.
La envidia de Nerón le condenó a muerte
y dejó a su elección la forma de morir.
Su obra fue destruida, igual que Roma.
El destino del hombre
es similar al de un imperio.
Las civilizaciones poderosas
son un perfil de sombra
en la casa del cosmos,
una línea que bifurca el tiempo
entre una idea y otra.
Cuando desaparecen, el olvido,
con la tenacidad de un gris mohoso,
va imponiendo su tumba a lo creado.
Su verdad y sus ruinas
se pierden en el cosmos infinito.
Igual sucederá con nuestra vida
y la de nuestra especie.
La ley del tiempo todo lo devora.
Mientras tanto nos queda ir aprendiendo
a sentir nuestro paso humilde por el mundo
como la única obra digna de ser grandeza.


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Mariano Valverde Ruiz (c)



miércoles, 15 de marzo de 2017

BABILONIA







BABILONIA

Al escribir, la voz rima nenúfares
en osadías zigzagueantes
con el azar esquivo de nuestras sensaciones,
porque Babilonia no es otra cosa
que un infinito juego de azares,
nos advertía Borges.
La forma del concepto alza un viento de dudas
sobre los campos de las imágenes
para escribir el poema de las tardes lluviosas,
y el silencio nos lleva a una encrucijada
en la que falta luz para salir indemnes.
Aparecen ideas sin medida
que son impermeables a la métrica,
expresiones verbales a disgusto con su espacio
que luchan por servir a la memoria.
En ese tiempo gris de confusión,
todo se opone al ritmo del poema.
Pero tras los primeros rasgos torpes
del gesto de escribir ya no hay otra opción
que la de terminar nuestro poema.
La conciencia del ser y nuestras paradojas
siempre están esforzándose
por dar forma el texto
aunque dependa de un juego de azares.
Las palabras nos sirven
para crear un mundo de ilusiones
iluminado por la lámpara
que humedece el aceite del misterio.
En nuestra Babilonia caben todas las voces
de la historia del hombre y sus silencios.


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lunes, 13 de marzo de 2017

EL SECRETO DE LA FALLA DE SAN JOSÉ




EL SECRETO DE LA FALLA DE SAN JOSÉ

Ya hace 52 años y para Antonio es como si hubiese sido ayer mismo cuando vivió un momento que marcó su vida. Acaba de ocultar, en la falla que adorna las fiestas de San José de este año, un pequeño detalle, un tributo al recuerdo, algo que simboliza un hecho del que hoy solo él conoce su trascendencia.
Poco después observa la falla de 2017, una bella torre que simboliza el Big Ben, y comenta con Pepe Plazas que de los hombres que levantaron la falla de 1965, apenas quedan algunos vivos. Sin conocer nada de lo que él acababa de hacer, Pepe le dice que uno de los personajes de la falla lleva ropa de alguien que ha sido incinerado y que la familia ha querido que estuviese en ella. «¿Cuántos secretos se ocultan para que el humo se los lleve?», piensa a la vez que escucha cómo Pepe le cuenta algunas de sus hazañas deportivas. Y luego su mente se remonta hasta muchos años atrás.
Aquella noche mientras contemplaba la falla se frotó las manos, se ajustó los pantalones a la cintura y se vio a sí mismo como uno de los viajeros que partía en aquel tren hacia Francia, camino de la vendimia. Tenía claro que aquel era el único destino que podría facilitar la realización de su sueño. Aquel marzo de 1965 era la segunda vez que participaba en la construcción de la falla que sería quemada en la noche del día 19 en su barrio. Pero en aquella ocasión lo había hecho con una ilusión especial.
Antonio había cumplido 26 años. Era un hombre curtido en el trabajo, fuerte y soñador. Pero hasta el momento no había tenido la suerte necesaria para conseguir sus propósitos. Desde hacía más de cuatro años tenía novia. Estaba muy enamorado, quería casarse y tener una vivienda donde iniciar su vida junto a Elvira. Últimamente ella estaba un poco cansada de la situación y de los castillos en el aire con que Antonio la sorprendía de vez en cuando. Lo había intentado con todas sus fuerzas, sin embargo, la escasez de oportunidades en aquella época, se lo había impedido.
La esperanza de Antonio era ir a trabajar a la vendimia francesa y conseguir el dinero para dar la entrada de un piso. Pero había algo que le atenazaba, no sabía hasta qué punto podía amarle Elvira. ¿Sería capaz de esperarle? Su novia era una mujer muy atractiva y él sabía que había varios hombres detrás de ella, quizá alguno de ellos pudiera ofrecerle algo mejor en el tiempo en el que él estuviese en Francia. Se lo comían los celos cuando paseaba con ella por Lorca y notaba las miradas codiciosas de otros hombres.
Antonio nunca había salido de Lorca, incluso cuando tuvo que realizar el servicio militar lo había hecho voluntario en el Regimiento Mallorca 13, con base en la ciudad. Tenía la impresión de que iba a ir al fin del mundo. Había hablado con otros que ya habían hecho la campaña en años anteriores y había aprendido algunas palabras en francés: bonjour, oui, monsieur… No estaría solo y alguno de los veteranos le ayudaría. Iría a ese fin del mundo, comería a base de patatas cocidas, verduras que pudiese coger en los huertos, y lo que Dios le proveyera, pero iba a ahorrar el dinero que necesitaba. Levantó la vista y observó la representación del Apolo XI que culminaba la falla, un artefacto que había visto en la tele y con el que decían que el hombre iba a ir a la luna. «¿No está la luna más lejos? Pues entonces, ir a Francia no será para tanto», se dijo.
Su padre le había dicho que cada cosa que tuviese tendría que ganársela con su esfuerzo. Él estaba dispuesto, pero le costaba mucho dejar sola a Elvira, a merced de los que la miraban con ojos como redes. Pero no había otra salida. Aquella noche le iba a comunicar su decisión.
Durante el tiempo que transcurrió hasta el momento en que estuvo otra vez delante de la falla con Elvira tomada de su mano, Antonio recordó cómo la había conocido en sus años en el colegio Alfonso X, todas las veces que intentó que le hiciese caso, las locuras que tuvo que ingeniar para llamar su atención, incluso la vez que se coló por la noche en una casa deshabitada, en la que decían que había fantasmas, para demostrarle que él no tenía miedo. También recordó lo que había escrito y ocultado entre los vagones de la máquina del tren que simulaba la falla: «que este fuego se lleve todas mis dudas y que me traiga la fortuna que preciso, que se lleve todas las inseguridades de Elvira y que la mantenga siempre a mi lado». Se prometió a sí mismo que si aquello sucedía, iba a cuidar a Elvira como a una reina y nunca pensaría en otra mujer.
Antonio apretó con firmeza las manos de Elvira y le dijo:
—Tengo que decirte algo importante, pero antes tienes que decirme si me quieres.
—Claro que sí, tonto.
—A finales de mayo me voy a ir a la vendimia francesa. No regresaré hasta finales de octubre. Lo voy a hacer para poder conseguir el dinero para la entrada de un piso, poder casarnos y vivir juntos.
Elvira escuchó aquellas palabras entre la sorpresa y la preocupación. Ella también tenía algo importante que decirle. Antonio prosiguió:
—Quiero que me prometas que me esperarás.
Elvira suspiró con la emoción pintada en la mirada porque ella también sentía que estaba en un momento clave de su vida y tenía miedo por lo que pudiese suceder.
—Te voy a esperar, Antonio. Pero no voy a ser la única que te espere.
—¿Qué quieres decir?
—Estoy embarazada. Vamos a tener un hijo. O una hija… Nacerá para finales de octubre.
A Antonio se le cayó el mundo encima. ¿Cómo iba a marcharse entonces? Y lo que era más preocupante: ¿Cómo iban a reaccionar los padres de Elvira? Su madre siempre había manifestado que deseaba una gran boda para su hija, que deseaba verla vestida de blanco ante el altar. Durante unos instantes contempló todas las posibilidades a su alcance. Y luego dijo con mucha decisión:
—Nos casaremos dentro de un mes, sea como sea. Y le pediré a mis padres que te quedes con ellos mientras yo esté en Francia.
—¿Casarnos por la Iglesia? Pero… es que ahora no puedo casarme de blanco.
—No se lo diremos a nadie. Ni siquiera al cura. Dios ya lo sabe y conoce nuestro amor. Estoy seguro de que lo bendice. Será nuestro secreto y arderá con las llamas de la hoguera con que se ilumine la falla esta noche.
Habían pasado 52 años desde aquel momento, toda una vida juntos. Habían criado a sus hijos, habían prosperado y conocido momentos de gran felicidad. Pero en el último año, Elvira había sufrido un gran deterioro de su memoria a consecuencia del alzheimer, ya no podía recordar lo que vivió junto a Antonio. Él había escrito una pequeña memoria contando todo lo que habían compartido. Después, con la última hoja, había confeccionado una flor que llevaba impregnado el aroma de su cariño, de su ternura… Una flor que se convertiría aquella noche en el humo que todo lo sabe y todo se lleva. Antonio tenía la esperanza de que cuando ardiera la falla de 2017, su humo reviviría en Elvira el momento exacto en que se unieron para siempre.

RELATOS BREVES
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