martes, 1 de noviembre de 2016

PRIMER BALANCE





PRIMER BALANCE


Son tan pocas las cosas que tengo inventariadas
en mi primera infancia, que caben en un poema
de los que se cobijan en el arca del aire.

En una parte anoto la flor de los almendros,
su luz de nieve sobre las laderas,
el color de las hojas invertidas
de los viejos olivos, los perales,
los cantos de las ranas en el estanque,
aquel lecho de ortigas bajo los jinjoleros,
el aroma de la hierba fresca,
la llama del candil y su senda de bruma,
los aullidos lejanos de los perros salvajes,
el silencio implacable de la noche,
el canto de los gallos en cada amanecer
demandando a los cielos una escalera roja
para tocar la luz de las estrellas.

En otra parte escribo cuanto fue la verdad
de algunos años en que la miseria
era una rata hambrienta dentro de mis entrañas.
La vida me negó la posibilidad
de ser más bondadosa con mi entorno.
Lo que fue puro anhelo huyó tras el realismo
en los duros inviernos, donde se refugiaba
como perro asustado,
el instinto vital de la supervivencia.

Al cerrar el balance me pregunto
qué he podido aprender a lo largo del tiempo
para que todo cuadre,
cómo puedo ser más equilibrado
que el canto de las ranas del estanque
cuando daban envidia al silencio
con sus versos de luna.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)