domingo, 20 de noviembre de 2016

JUEGOS DE INFANCIA





JUEGOS DE INFANCIA


En las zonas rurales de los años sesenta
no teníamos nada
que nos atara a un rol de dependencia,
con la imaginación y cualquier cosa
llenábamos el tiempo de los juegos.

Cambiábamos secretos por cajas de cerillas
para jugar al alza y tapa.
Después de cazar ranas con lazadas de esparto,
las soltábamos dentro de una acequia
para poder votar por la que más saltaba.
Nos divertía ver la rueda de los gatos
cazando a los ratones.
Aún era más hermoso
descubrir la emoción de la aventura,
dejarse iluminar por noches de cereza
y degustar el vértigo de la naranja hurtada
aunque nos delataran los aromas
de su piel en las manos.
Buscábamos los pliegues de las ramas
tumbados en la hierba
mientras colonizábamos la luna.

Los campos dormitaban en verano
bajo el sol de poniente.
Los enjambres de avispas
bullían entre zarzas y matojos.
Era el tiempo del tiro al avispero
con misiles de barro
para ver crepitar sus junglas peligrosas.

Nos gustaba observar las luces del otoño
a través de las cañas de un refugio
mientras buscaban fonda los gorriones
para contar estrellas del crepúsculo.

El invierno tenía el color de la hoguera
y el discurso de la imaginación.
El viento alzaba nubes
que como zinc volátil
iban dando a las noches su manto de misterio.

Así pasaban días, semanas, meses, años,
breves transparencias de la infancia
que iban alejándose en el tiempo
sin que lo percibiéramos.
Se nos iba perdiendo para siempre
la otra media verdad de nuestras vidas.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)