lunes, 26 de septiembre de 2016

AGRADECIMIENTO





AGRADECIMIENTO


Hay escenas que se enfrían en la mente,
se convierten en meros fotogramas
del paso por la infancia,
que portan el barniz de los olvidos
donde la luz contempla personajes
de los días que forman el pasado.
Son sombras inasibles de una realidad
que combaten por ser presencia adentro
con otras que vi con mis propios ojos.
Son hechos que tuvieron un papel importante
en momentos precisos de mi historia
aunque no los viviera. Por eso rememoro
una escena en la tarde del octubre
que anunciaba el comienzo de mis años.
Un hombre pedaleaba debajo de la lluvia.
Iba desde los míseros campos de los cincuenta
hacia los arrabales de la ciudad de Lorca.
Dieciséis kilómetros de caminos
para buscar una matrona
que me ayudase a ver la luz del mundo.
Se llamaba Matías. No recuerdo su rostro.
Tengo una vaga imagen recubierta de pana
con una voz de tonos muy trabados
en el timbre de las palabras.
Era un hombre sin suerte que terminó sus días
preso de la ignominia y la tristeza.
Sé que en aquel lunes veintisiete
sufrió bajo la lluvia muchas horas
para hacer el favor que le pidió mi padre.
Agradezco su esfuerzo con mezcla de cariño
y dolor por el triste desenlace
que la fatalidad dio a sus años.
En mi poema quedan sus huellas en el barro
como luz generosa, una verdad escrita
sobre la negra hoz que segó su recuerdo.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)