lunes, 6 de junio de 2016

PAISAJE






El verano es ojiva de destellos.
El sol roza la piedra
y de sed cubre todo.
Lejos quedaron frías leyendas materiales,
el pueblo, la mentira
y los osos sin alma.
Aquí, olivos, hibiscos y fragancias,
colinas de romero,
hierba pura y rastrojos,
moran dentro del valle
que acuna y araña el aire.
Junto a mí bulle amor cada grumo
de la tierra que somos,
muestra su luz y alza la palabra
para dar voz a nuestras locas manos.
Buscamos los relieves de los iris
y los vemos abriéndose caminos,
pasos hacia otros mundos,
en la luz del trazado de la piel.


(El fuego del instinto. Ed. Vitruvio)
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Mariano Valverde Ruiz (c)