lunes, 18 de abril de 2016

UN PAISAJE DIFUSO







La luz adquiere tonos de ceniza
sobre la etapa añeja de los primeros años,
configura un paisaje de sombras afiladas
por las necesidades. Los ocres estivales
se fundían con los sienas del otoño
dando paso a inviernos de almendras y tocino
que acababan soñando en primavera
con verduras silvestres. Los colores
se repetían junto al denso humo
que manchaba de hollín la chimenea.
No envidiaba otras cosas porque no las había.
Entre luces y sombras se configura un marco
de límites difusos: el paisaje del valle
donde compartí tierras de barbecho
con la necesidad de traspasar las nubes.
Hoy todo permanece en una nebulosa
en la que soy incapaz de distinguir
los perfiles del niño que vivió aquellos años.
La memoria permite el deterioro
de lo que fue alegría o sufrimiento
dejando simplemente una mueca de vida.



(La intimidad del pardillo)
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Mariano Valverde Ruiz (c)