lunes, 4 de enero de 2016

EL PASEO DE UNA ESTRELLA






EL PASEO DE UNA ESTRELLA

Faye ha abierto el paraguas tras notar las primeras gotas de lluvia sobre su rostro. El suelo de la acera de Hollywood Boulevard comienza a humedecerse y las estrellas de cinco puntas del Paseo de la Fama se ven salpicadas por el líquido del cielo.
Se ajusta la chaquetilla de visón y a cobijo del agua nota el tacto de la empuñadura del viejo paraguas. Recuerda que lo compró en una pequeña tienda de Rapid City, su tierra natal. Casi puede percibir los aromas de las montañas de Dakota del Sur, añora las esencias de su infancia. Reconstruye aquellos decorados en su mente como si se tratase de los escenarios del gran proyecto de la historia de su vida. ¿Si tuviese que comenzar de nuevo?
La estampa del Monte Rushmore viene a su cerebro como una visión instantánea y una lejana incógnita que llega a su corazón con el mismo ritmo que las gotas de lluvia. Hace tantos años que frente a las imágenes esculpidas de los cuatro grandes presidentes de la nación soñó despierta, y se plateó que ella también quería ser famosa, que quería ver su nombre inserto en el paisaje, expuesto ante los ojos de cualquiera. —Lo conseguiré— Se prometió a sí misma. —Escaparé de este pueblo y del anonimato, y escalaré hasta lo más alto. Quiero ser una gran estrella del cine.
Ya hace más de treinta años que aquellos pensamientos marcaron su rumbo. Cuando llegó a Los Ángeles, recuerda haberse quedado fascinada con las imágenes de Marilyn en grandes carteles. Tenía lo que ella buscaba, pero entonces… ¿Por qué parecía esconder un tono de tristeza en su mirada? Faye camina con pasos armónicos y estudiados por la acera, va interpretando a otra mujer muy distinta de la que lleva dentro. Bajo la urdimbre del paraguas, lo único que queda de aquella juventud gloriosa, es su elegancia.
La vida ha corrido por sus venas como el veneno de una víbora. Durante los últimos años ha buscado el amor verdadero, algo que siempre parecía un altísimo precio a pagar por la fama, el éxito y el dinero; algo que tuvo que sacrificar en tantas ocasiones por su carrera cinematográfica, pero que entonces no supo valorar suficientemente. Hoy se está preguntado si realmente mereció la pena, si una vida anónima, tranquila y sencilla junto a su primer novio, habrían hecho de Rapid City el universo que buscaba.
Faye comienza a confundir las gotas de lluvia con la humedad que le ofrece una visión difusa de la calle. Ha llegado hasta la altura de su estrella y se detiene para contemplarla. Su nombre y las huellas de sus manos figuran en el suelo, inmortalizados como aquellos rostros de Rushmore. Pero esas huellas que ve hoy, están solas, poseen la misma soledad que las manos que se aferran al paraguas bajo la lluvia. El agua del cielo y la que mana de sus ojos, mojan el suelo con la esencia del tiempo. Ahora conoce el porqué de aquella mirada de Marilyn. Cada mañana, antes de salir a la calle, ve en el espejo el precio de la fama. Y ya no puede cambiar el rumbo de su estrella.

RELATOS BREVES
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Mariano Valverde Ruiz©