martes, 4 de agosto de 2015

PARÍS FUE UN ESPEJISMO




PARÍS FUE UN ESPEJISMO


Un joven delgado, de pelo largo y vestido con ropas informales, está entre la muchedumbre que llena las calles de París en Mayo de 1968. El joven tiene la urgencia de contar lo que ve y lo que siente, nota el arrebato que lleva a escribir un cuento o un poema. Sabe que apenas tiene tiempo, que si no lo hace, la idea se perderá en el camino igual que un grano de arena en un desierto. Busca un papel de fumar y lo apoya en la espalda de una joven que lleva margaritas en el pelo. Podría ser su compañera esta noche, quién sabe. Escribe arrebatadamente lo que está pasando por su mente.
El joven garabatea en el papel una historia que rezuma esperanza, que habla de un futuro mejor, de la ilusión por construir un nuevo mundo donde no mande el capital, donde el amor triunfe, donde la paz sea parte del aire que se respire. Y lo guarda en el bolsillo con un gesto de orgullo en los labios, los mismos que pronto buscarán a la joven que tiene delante. A su lado, la muchedumbre camina sin descanso entre cafés, teatros, coches… París es el cielo. La llama de la primavera prende en las pieles y el blanco frescor de las margaritas es una estrofa en el papel de los enamorados.
Ahora, casi cincuenta años después, aquel joven sólo piensa en no estar solo, en dejar de trabajar día y noche, en terminar de pagar la hipoteca de la casa, las letras del coche nuevo, los pagos de los últimos electrodomésticos, las facturas de luz, telefonía, comunidad, agua, el divorcio… Sentado en el sofá con una cerveza en la mano, mira los informativos y sólo ve guerras, corrupción, conflictos, pobreza, la dictadura de los mercados, un mundo desorientado con un dueño frío y despiadado. Respira y calcula cuánto puede quedarle de pensión cuando se jubile y si las nuevas generaciones podrán pagar su descanso. Del cuento que escribió en París no queda ni el recuerdo. Fue tan sólo un espejismo.


RELATOS BREVES
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Mariano Varverde Ruiz ©