domingo, 2 de agosto de 2015

EL SOLDADO DE TERRACOTA




EL SOLDADO DE TERRACOTA


Cuando escribimos un cuento, éste se centra en un personaje, aunque esté rodeado de otros, los demás giran en torno a él. El personaje es un soldado de terracota que destaca entre los miles que ocupan su mismo destino. La mano que lo forja le otorga facciones, carácter y vivencias. También dispone su final para que quizá, después, quede en el olvido, o solo sea una pieza de anaquel con polvo en su arquitectura.
En un cuento intrascendente, hubo un soldado de terracota que se rebeló contra su destino. No quiso ocupar el lugar en el mundo que le habían asignado. Comenzó una lucha sin cuartel por construirse un hábitat en el que fuese feliz, en el que alcanzase la grandeza de su propia y mínima insignificancia. Su vida se convirtió en una lucha contra la adversidad, contra las imposturas del destino, contra los deseos de los demás, contra sus propias limitaciones. Y luchó con fuerza, pensó y actuó, extrajo las consecuencias de sus errores, aprendió con sus lecturas y quiso vivir con un criterio nuevo, una forma de ver las cosas con otra estética. Ideó un deseo revolucionario: quería ser como el que le había creado.
El soldado fue venciendo en mil batallas pero cuando el escritor se percató del peligro que entrañaban los deseos del hombre de barro, lo miró desde la distancia, reflexionó y se acercó hasta él. Cuando lo tuvo frente a sus ojos, vio su misma mirada, sus mismas ilusiones, sus mismos traumas, sus mismos conflictos internos, su misma desesperación, su misma agonía… Todo estaba en un cuerpo similar al suyo, aunque estuviese vestido con ropajes de otra época. El escritor sintió miedo y antes de que el soldado de terracota levantase su espada, gravó en su armadura la palabra: fin. Pero no hubo un final. En muchos años, nunca se supo nada ni del soldado de terracota ni del escritor. Su cuento está aún por escribir.


RELATOS BREVES
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Mariano Valverde Ruiz ©