lunes, 13 de julio de 2015

DEFINICIÓN DE CUENTO EN LA ALHAMBRA




DEFINICIÓN DE CUENTO EN LA ALHAMBRA

Hace más de seis mil años, los egipcios nos legaron los primeros cuentos. Después hindúes, hebreos, griegos, árabes y otros pueblos, continuaron con la costumbre de contar hechos. ¿Pero cuánto de imaginación y fantasía hay en ellos? Ahora no nos preocupa cuál es la respuesta, lo fundamental es que esos cuentos nos llegan, nos emocionan y nos dibujan otros mundos. Son un guiño a la evasión y a la vez nos provocan una reflexión sobre los temas fundamentales de la vida. Y nos interesan.
Muchos definen los cuentos como relatos escritos en prosa de extensión corta. Cortázar sabía mucho de ello. Y Monterroso lo llevó a sus últimas consecuencias. Pero decir que los cuentos dan cuenta de algo, quizá sea la definición más exacta. Y eso implica precisión. Pero también son un juego para atrapar al lector. Es recomendable que se ciñan a un solo hecho que ocupe el espacio central de la narración. Y tener claro que no habrá cuento sin un personaje, un paisaje, una idea, y sin contar lo que le sucede a ese personaje.
Ahora imaginemos a Washinton Irving saliendo de su habitación en la Alhambra. Va muy pensativo. No encuentra una idea para escribir. Camina por los Palacios Nazaríes como un alma en pena. Se siente el ser más desgraciado del mundo. Sus pasos le llevan al Patio de los leones. Se queda mirando las esculturas mientras escucha el sonido del agua. Y parece escucharlos rugir a consecuencia del olor de la sangre de los hombres que fueron decapitados allí. Su cabeza es una de ellas, la de alguno de aquellos conspiradores que perdieron su vida por querer conseguir la belleza del palacio del rey. La está viendo sangrar cuando despierta en su cuarto, con los brazos apoyados en la mesa donde escribe, con el sudor frío de la muerte en su piel y con la alegría de estar vivo en el tintero, en la pluma y en el papel donde escribirá un nuevo cuento.

OFICIO LITERARIO
Todos los derechos reservados
Mariano Valverde Ruiz ©