sábado, 6 de junio de 2015

CUÉNTAME UN CUENTO





CUÉNTAME UN CUENTO

Cuando alguien escucha la voz ansiosa de otra persona que desea evadirse y conocer nuevos mundos, o tal vez tan sólo intentar distraerse, se ponen en marcha los mecanismos del contador de historias. Entonces éste intenta responder a la demanda con algo propio, con algo que no conozca su oyente o su lector, quiere sorprenderle, desea seducirle, procura atraparle y hacerle partícipe de una nueva realidad.
El contador de historias se relaja y deja volar la imaginación, procura quedarse con el corazón en los huesos para narrar algo que haga soñar. Procura que el silencio se convierta en cómplice de las palabras. Busca el elixir de la magia para verterlo sobre las emociones. Cuenta una verdad a medias o una mentira que puede convertirse en realidad. Apuesta a todo o nada. Convoca a la fuerza y al misterio. Y espera junto al ordenador que al otro lado de las páginas, tras leerlas, le vuelvan a pedir: cuéntame un nuevo cuento.
Pero todo lo anterior se convierte en una quimera si no dedica un tiempo a cultivar la técnica que debe armar el relato. Un cuento es un mecanismo que se acerca a la perfección, es un dardo que se lanza hacia la mente del lector, un dardo de palabras y sentimientos que ha de producir el efecto de un alucinógeno sin efectos nocivos. Y por consiguiente, el contador de historias no volverá a escuchar las palabras cuéntame un cuento si no persevera en el conocimiento de la arquitectura del relato.
La escritura de un cuento es imaginación y es técnica. Las dos cosas son esenciales  para que un cuento fluya con naturalidad hasta el desenlace. Al otro lado del espejo espera el dueño de la fantasía.  Y cuando el narrador termina su relato, el lector todavía está allí.


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Mariano Valverde Ruiz ©