domingo, 23 de noviembre de 2014

ATADA




Qué importa que no estés cuando la voz
te llama sin cesar. Dime, qué importa
que no llegues de pronto y te acomodes
bajo la sombra densa de mis brazos.
Me basta con saber que compartimos
la misma luna y tener la mirada
de la imaginación para poder
recrearte muy dentro de su esfera. 

Qué importa que entre tanto
no posea tu cuerpo si tengo la osadía
del poema y su hilo imperceptible
para dejarte atada a nuestra alcoba.
Nos esperan aquí sueños envueltos
en sábanas de ingenio, fantasías
que decoran sus fibras con  pudor
y algo más que el tapiz de una aventura.

No podrás detener, aunque lo intentes,
este afán posesivo. Tus muñecas,
tus manos, ya marcadas por mi hierro,
manarán la ternura del silencio
hasta la última célula. A lo lejos
queda la inmensidad del océano,
la tierra y la primera noche a solas,
recordándonos cuanto fue conquista.

Todo cambiará, pero yo estaré
aquí, junto a ti. Cuando tengas miedo
y la oscuridad plena sea voz
que recubra de sombras las ideas,
yo estaré junto a ti. Nada será
entonces del color de la muerte.
Te ofreceré la misma agua dulce
con que tú moderaste mi sed vieja,
renovaré las olas de aquel mar
que me llevó a las islas de tus ojos
y seguiré la estela de la luna
que te dejó a mi lado, prisionera
de la luz del amor y del deseo.


(El deseo o la luz . Ed. Universidad de Murcia)
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Mariano Valverde Ruiz (c)