miércoles, 20 de agosto de 2014

VENCIDO POR EL DESTINO




Anhelo los paisajes de tu alma.
Buscando ese territorio evanescente
pierdo toda presencia,
no soy nada, quizás un tiempo ido,
o tal vez un guijarro
que rueda por senderos del enigma.

Cuando la noche baila con nosotros
y el aire absorbe pronto los colores
de un cansado crepúsculo,
vuelvo a intentar subirme a los espacios
que moras con matices de misterio.
El mismo aire lleva la cordura
a las zarzas ignotas del deseo.
Y no puedo luchar
en contra del destino.
Me ahogo en el océano
que inunda tu epidermis.


(El fuego del destino. Ed. Vitruvio)
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Mariano Valverde Ruiz (c)