sábado, 15 de marzo de 2014

LOBOS Y CORDEROS EN WALL STREET



LOBOS Y CORDEROS EN WALL STREET


¿Hay lobos en Wall Street? ¿Y corderos? Es probable, a tenor de lo que nos han contado. Un naturalista diría que los lobos son animales que sólo matan para alimentarse y que una vez han cubierto esa necesidad vital, respetan la vida de los que frecuentan el bosque donde habitan. Pero entonces, por qué llaman lobos a los que aúllan frenéticamente: compro-vendo.
La economía es un bosque que está al cuidado de los ciclos naturales. El dinero se transforma, no desaparece, cambia de árbol, es decir, de mano, se acumula en algunas zonas y deja otras yermas. Y la ley ancestral de la selva marca la suerte de cada uno de los habitantes que buscan la sombra de los árboles, para no perecer al sol de la necesidad. Dentro de ese bosque económico medran los depredadores. Y el riesgo. Y la codicia. Así nos lo han contado muchas veces.
En pleno bosque un bandolero diría: la bolsa o la vida. Ya sabemos que todos los extremos son nocivos. Ni todo es bolsa, ni todo es vida. Sin embargo, el atracador esgrimiría argumentos demasiado convincentes. Al atracado sólo le quedaría la potestad de intentar moralizar la conciencia del bandolero. Tiempo perdido. Cuando para aumentar el volumen del negocio se traspasan todos los límites de la ética, el negocio se convierte en vicio. No es algo que genere dudas, es algo genético. Igual que un lobo que huele sangre reacciona sin pensar, los que creemos que no todo vale, reaccionamos diciéndolo.  
Hace unas fechas hemos disfrutado de las aventuras de un lobezno viciosillo en Wall Street en una película de largo metraje (por aquello de la duración del film) que lleva un título parecido. Es una parodia disparatada de la acción por el dinero: acción sin escrúpulos ni moralidad. Todo al servicio de la ganancia. Quizá resulte divertida desde algunos puntos de vista. Desde otros resulta aburrida y tediosa. Hay momentos en los que la conciencia popular ve muy claro que los orígenes de la crisis financiera mundial estuvieron en Wall Street. Pero no hay propósito de enmienda.
Para los que hace mucho perdieron la inocencia, la película podía ser un lavado de cara del sistema financiero. La máquina del celuloide intenta limpiar los platos donde comen los cocineros de las finanzas, para que los corderos del bosque se diviertan con la fregaza y se olviden del peligro que correrán cuando, de nuevo, sea luna llena en el cielo económico del bosque mundial. Como yo aún soy inocente, un tierno corderillo que bala a las estrellas, Dios me libre de pensar mal. Lo mío es primero la vida y después la bolsa.

ARTÍCULOS DE OPINIÓN
15 de marzo de 2014
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Mariano Valverde Ruiz ©
             



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