viernes, 7 de febrero de 2014

SIN ESCAPATORIA ( Versión blog, Parte 6)


6

Marlén comienza a ser consciente de que no tiene escapatoria, de que no puede librarse de Jeromo así como así, de que está en sus manos. Esa certidumbre le aumenta el estado de angustia mientras su mente busca ansiosamente una salida para la situación. No le queda otra que escucharle y ver qué es lo que tiene en la mente el farsante de las botas metálicas. Después buscará una forma de librarse de él.
A Jeromo, tras la segunda cerveza, se le comienza a soltar la lengua. Su organismo elimina con dificultad el alcohol y pronto nota los efectos de una mínima cantidad. Mientras tanto Sabina sigue deshojando la crónica poética del Madrid que conocemos en su canción. La música relata el encuentro con una ciudad abierta en la que caben todas las almas que aman la vida en su más pura esencia. Todas, incluidas las de Marlén y Jeromo.
—Si vas a ser una reina, princesita. Si lo que voy a hacer te va a encantar. Además, el negocio está dentro de lo que tú sabes interpretar como nadie. Te viene como anillo al dedo.
—Habla ya. No tengo toda la tarde.
—Pues verás. Voy a montar un local de diversión donde el teatro sea parte fundamental. Pero no la única.
—¿Qué? Alucino.
—Tengo un amigo que ha adquirido en una subasta un local que viene que ni pintado para la idea. Se trata de una vieja posada de habitaciones amplias que está en buen estado de conservación. Vamos, que con una mínima inversión, el edificio estará preparado para albergar el negocio. En los últimos años, la posada ha estado dedicada al negocio del alterne, pero ahora, con la crisis, las cosas no van como antes. No sería rentable seguir con el negocio tal y como está. Así que, mi amigo y yo, hemos pensado en reconvertirlo y actualizar el negocio con nuevas ideas.
—¡Vaya!...¿Tu amigo y tú?
—Sí. Mi amigo y yo. Ya te hablaré de él.
—¿Y cuál es la idea, que supongo será de tu amigo más que tuya?
—La idea consiste en revolucionar el concepto de teatro. Que los clientes se muevan a su antojo por el local y no tengan que estar sentados como en los teatros que conocemos. En cada habitación habrá un pequeño grupo de actores que pondrán en escena una obra corta e intentarán hacer participar en la misma a los clientes que lleguen por allí.
Marlén empieza a prestar atención. No sale de su asombro al oír hablar a Jeromo en esos términos. El rufián sigue con su explicación.
—Los clientes, al poder moverse con libertad por todo el local, no estarán sujetos a una actuación en concreto, sino que podrán elegir aquélla que les guste en cada momento. También podrán detenerse en los pasillos y en pequeñas salas habilitadas como bar, donde podrán tomar copas o tomar algo de picoteo. Y luego, podrán seguir desplazándose a su antojo, alternando con la gente que asista a los espectáculos y con los empleados que les atiendan. Además, en los momentos oportunos habrá sorpresas.
—¿Y qué se va a representar en esas condiciones tan dinámicas?
—De todo un poco. Humor. Erotismo. Comedias. Dramas. Tragedias.
—¿Qué puesto estás? Te han informado bien. Debe de ser ese misterioso amigo tuyo. Seguro que conoce el mundo del teatro.
—Cada semana cambiaremos los temas y las obras representadas en cada habitación. Con la entrada daremos un programa en el que siempre habrá una oferta nueva. Buenos precios. Buenas copas. Buenas tapas…
—Para todo lo que me estás diciendo… ¿Necesitarás muchos actores?
—Claro. Los tendré. Tú conoces gente. ¿No? Y ese tipo con quien sales ahora también conoce el mundillo de los actores. Además mi amigo está puesto en el tema. Tal y como imaginas.
—No me lo puedo creer… ¿Quieres implicar a mi amigo también?
—Ya te dije que después hablaremos de él. Te explicaré con detalle lo que necesito. Pero será más tarde. Ahora escucha.
—Qué más locuras tengo que escuchar. No hay bastantes con las que te has sacado de la manga. ¿A quién quieres engañar?
—Ahora viene lo mejor, princesa. Además de las obritas, las copas, las tapitas, etc… Aquél o aquélla que quiera algo especial, por muy especial que sea, yo me entiendo y tú también, lo tendrá. Habrá reservados para satisfacer los caprichos de los clientes. Con total intimidad y completa discreción. Yo me encargaré de que no falte de nada para satisfacer los bajos instintos y las perversiones de todo el mundo. Nadie tendrá que ocultar dónde va para realizar sus sueños inconfesables.
—No, si además vas a resultar un filósofo. Pero a mí no me engañas. Te conozco. Tú lo que quieres montar es un club de vicio y ponerle una cara bonita. ¿Cuántos porros te fumaste con tu amigo antes de parir semejante idea? Tú crees que la gente es tonta o qué.
—La gente va a conocer las novedades. La curiosidad agujerea los bolsillos. Y allí estamos nosotros para recoger los billetes, princesa.
—¡Ala!, te dura el efecto de los alucinógenos. Estás sonado.
—No necesariamente. Es una buena idea. Montaremos un local interactivo. El placer y la cultura convivirán juntos. Y por supuesto, el negocio. Dinerito contante y sonante. Ya verás qué bueno. No va a haber otro local en Madrid tan atractivo, tan diferente, y con tantas posibilidades. Irán tanto los modernos como los carcas a dejarse la “guita”. Todo el mundo encontrará lo que busca. Diversión y placer junto a la posibilidad de realizar ocultas depravaciones. ¿No crees que es una idea genial?
—No sé… Y qué es lo que quieres que te solucione yo.
—Varias cosas, princesa. Lo primero es la pasta.
Jeromo se frota con intensidad los dedos índice y pulgar mientras el brillo de sus dientes ilumina la barba de tres días que ensombrece su cara.
—Ya te he dicho que no tengo —dice Marlén con rotundidad.
—Pero puedes tener. Tú no querrás que me vea obligado a dar un golpe en el que puedas estar incriminada, princesa. Con la de viciosillas que hay en la cárcel esperando que llegue carne fresca para convertirlas en sus esclavas… Te imaginas que apareciese un fiambre con tus señas de identidad. ¡Madre mía!
Jeromo deja la amenaza colgada en el aire como una guadaña invisible. A Marlén le vuelve a temblar todo el cuerpo. El malvado ríe abiertamente y se bebe la tercera cerveza casi de un trago. Después se frota la boca con el dorso de la mano derecha, chasquea la lengua y con la mirada fija en los ojos de Marlén le dice:
—No te preocupes princesa, que papito piensa en todo… Tengo planeada una idea genial, una jugada con la que obtendremos el dinero necesario para que seas la reina del local y yo el emperador de Chueca.
—Estás loco tío. Estás completamente loco.
—Ja, ja, ja, ja… Por tus huesos, mi reina…Por cierto, me debes una noche de placer bestial. Cómo las que tú y yo nos pegábamos. La última vez me dejaste insatisfecho…No pude arrancarte las bragas a mordiscos porque no llevabas. Ja, ja, ja.
—Pues esta noche no será. Tengo que trabajar hasta muy tarde. Ayer comencé a pasar un número por el que me pagan muy bien y no pienso faltar.
—Bueno, bueno. Pues será de madrugada. Je, je. Así me entero de cómo van las cosas y te amplio detalles del plan.
—¿Qué plan?
—Ahí es donde entra en juego tu amiguito… Ja, ja, ja.
—Ni se te ocurra hacerle daño. O te las verás conmigo.
—¿Con quién…? ¿Con quién me las voy a ver? No me hagas cambiar de humor, princesa.
Jeromo vuelve a coger del brazo a Marlén que hace esfuerzos para levantarse y marcharse.
—Me tengo que ir. ¡Ayyyy!
—Siéntate. Y estate quietecita. Que te voy a decir lo que tienes que hacer.

En la música del local Sabina habla de una princesa particular, una mujer que no es la que acaba de cerciorarse de que no tiene ninguna escapatoria y que se verá obligada a cumplir con las imposiciones de Jeromo. Resignada a su suerte, Marlén piensa por un momento que nunca se está a salvo del pasado, que su ponzoña siempre termina alcanzándonos en el instante menos oportuno. 


CONTINUARÁ...

Novela corta
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Mariano Valverde Ruiz (c)            

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