jueves, 30 de enero de 2014

EL DÍA DE LA PAZ EN SAN CRISTÓBAL





EL DÍA DE LA PAZ EN SAN CRISTÓBAL


Los globos se alejan portando mensajes de paz mientras los niños siguen su camino con los ojos de la esperanza. Hoy celebramos en el colegio el día de la paz. Aunque las Naciones Unidas establecieron el 21 de septiembre como Día Internacional de la Paz, una jornada para la no violencia a nivel mundial, nosotros lo celebramos el 30 de enero como jornada de Educación para la Paz. Es la fecha del aniversario de la muerte de Gandhi, el hombre que con su lucha pacífica nos dijo a todos que es posible un mundo sin guerras.
En nuestro colegio hay niños de 15 nacionalidades. Conviven en paz y armonía niños de Bolivia, China, Ecuador, Marruecos, Cuba, Bulgaria, Nigeria, Perú, Nicaragua, Rumanía, Polonia, Egipto, Ghana, Mali y España. Son de diferentes etnias, religiones y culturas, pero entre ellos brilla el respeto mutuo por las características que enriquecen a todos.
Aunque es una labor diaria, hoy especialmente resaltamos los valores de tolerancia, igualdad, solidaridad y justicia. Llenamos el espacio físico del colegio de buenas intenciones, de comunicación, de manos extendidas hacia un futuro sin miedo. Y lo hacemos con alegría, intentando que la atmósfera proteica de la educación alimente a todos los que componemos la comunidad educativa de San Cristóbal, el colegio decano del barrio arrabalero de Lorca (España).
Durante toda la mañana, las aulas se han llenado de frases salidas de los corazones de niños y maestros; de multitud de expresiones plásticas y artísticas de la tolerancia y el respeto; de canciones, de miradas, de manos blancas, de globos del color de la paz, de palomas con vuelos de versos y nostalgias, de abrazos sinceros… De todas las manifestaciones humanas que hacen que nos sintamos orgullosos de pertenecer a nuestra especie.
El patio del colegio se ha convertido en un coro de 550 voces que elevaban al viento sus mensajes de esperanza para todos los pueblos. Y la luz del sol ha conducido los globos que portaban el espíritu de la limpia inocencia de quienes sólo desean que todos convivamos en un mundo sin fronteras, en un mundo donde la razón sea el vehículo de la esperanza y de la interculturalidad.
Ahora casi está a punto de terminar la jornada escolar. Observo a mis alumnos realizando las últimas tareas programadas. Lo hacen en un clima de armonía y respeto. Doy los últimos consejos de la mañana. Sé que en sus recuerdos van a quedar algunos de los momentos que hoy hemos vivido. Y mi memoria viaja tan sólo unos minutos hacia atrás, al momento exacto en que veía los globos perderse en el cielo y luego miraba las sonrisas ilusionadas con que los niños han dejado volar sus mensajes hacia todas las manos del mundo. Era la esperanza de poder vivir en un mundo que les deje ser felices.

30 de enero de 2014
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Mariano Valverde Ruiz ©