miércoles, 29 de enero de 2014

CULTURA Y ALIMENTO




CULTURA Y ALIMENTO


El alimento es la llave de la vida. La cultura forma parte de la misma vida. Éstas son dos realidades incuestionables. Sin embargo, desde siempre, todas las sociedades marcan sus prioridades en función de las necesidades básicas y no siempre la cultura es una de ellas.
La consecución de los nutrientes para la vida es un objetivo primordial, pero la cultura, que es la esencia de los pueblos, también ha de considerarse una necesidad básica a cubrir. Es el alimento del alma, de la conciencia, del ser, en definitiva.
Casi todas las manifestaciones del hombre que tienen un carácter creativo pertenecen al ámbito de la cultura. Sobre todo las que, además, aportan un matiz positivo al crecimiento del ser humano. La naturaleza de los hombres necesita conocer el pasado para tejer el futuro desde un presente en que el arte, la palabra, la música, la arquitectura, la imagen… sean vibraciones permanentes que nos diferencien de la barbarie.
Todos estamos de acuerdo con la idea de que la cultura es la que hace nobles a los pueblos. Por consiguiente, no debemos dejar que gobiernen quienes tengan algo que perder con la mayor cultura y nobleza de las gentes.
En la actualidad, las políticas aplicadas a consecuencia de la crisis financiera mundial, dificultan que la cultura llegue a todos por igual. En consecuencia, se está produciendo un empobrecimiento cultural que pasará factura tarde o temprano, quizá haciendo que se repitan los terribles errores del pasado.
Decía Émile Henriot que la cultura es el poso que nos queda después de olvidar todo lo que hemos aprendido. Por tanto, es necesario aprender para poder olvidar y para que de ese aprendizaje nos quede una forma de ser y de pensar evolucionada.
Hoy más que nunca recae en aquellos que tengan, o tengamos, las ideas claras sobre la necesidad del alimento cultural, intentar que las palabras lleguen al mayor número de personas, y que esas palabras sean semillas que germinen en la conciencia creativa de los hombres.
La cultura es un valor irrenunciable, al igual que la libertad. Por eso quiero terminar con unas palabras de Miguel de Unamuno: “Sólo el que sabe es libre”.


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Mariano Valverde Ruiz ©