sábado, 23 de noviembre de 2013

INICIO

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Hoy es 23 de noviembre de 2013, festividad de San Clemente y fiesta local en la ciudad de Lorca.
Un buen día para iniciar este blog.


Estoy frente a la playa de San Juan de los Terreros, en Pulpí, un pueblo de Almería. Tengo frente a mis ojos el azul del mar Mediterráneo. Es sinónimo de vida y de energía. Con ese azul comienzo el blog.

El mar está en calma. Apenas hay una brisa que acaricia la superficie del agua igual que lo hicieron las naves de la antigüedad. Imagino cómo serían los pensamientos de los esforzados guerreros que cruzaron por estos litorales camino de las poblaciones que se asomaban al mar para vivir. Imagino los escudos de tantos pueblos conquistadores que quisieron adueñarse de su belleza. Y también imagino los rostros de los defensores que dieron su vida porque no les robasen lo que sintieron como suyo: la sangre mediterránea.

Pero quizá esta tarde no sea una tarde para mirar hacia atrás, sino para mirar hacia delante. Sé lo duras que han sido las circunstancias de mi vida. Conmigo van todos los sinsabores y acaso algunas felicidades momentáneas. Si hay algo que me ha salvado de la vorágine en los momentos más duros, ese algo ha sido la literatura.

Yo no soy un docto literato, ni pretendo imitar a los que han sido galardonados con el arte de la palabra, los que conocen su técnica y proclaman su sabiduría. Tan solo soy un buen lector y un amante de la creación; alguien que vive mil vidas en las páginas de los libros que lee, y que se atreve a crear otras mil vidas para entregarlas a otras páginas que puedan ser leídas por aquellos que sientan la pasión por la aventura como yo, por todos los que se emocionen con una puesta de sol, o se asombren de la belleza del amor, o se entusiasmen con el conocimiento de una minúscula mota de polvo milenario. Por todos aquellos que quieren entender la naturaleza del ser humano y sus circunstancias históricas. O los que desean un futuro diferente para esta sociedad que cada día nos asfixia más.

Quizá mis sueños hagan reír, llorar, o pensar a quienes lean mis palabras. Tal vez, en algún oculto lugar del planeta, en algún rincón olvidado, alguna de mis palabras caigan en las manos de un niño solitario, un niño que no tenga casi nada, un niño al que le hayan robado los sueños. Y tal vez el niño pueda encontrar en alguna de las palabras que lea la fuerza necesaria para dar el primer paso de un camino que solo él puede hacer; el primer paso del camino que le haga realizarse como hombre; el primer paso de la senda que le lleve a buscar otro libro con el que tomar fuerza para dar el segundo paso; y así sucesivamente hasta que todos los pasos sean un sendero que le lleve al encuentro con los demás. A su propia vida. 

Comencemos a caminar. No nos queda otra.

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Mariano Valverde Ruiz (c)